La diosa china de la luna

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Hace algo más de una semana celebramos el Festival de la luna, o Festival del medio otoño. Esta fiesta china tiene muchas leyendas diferentes para explicar su origen, todas ellas muy bonitas. Hoy podemos descubrir una de las leyendas de Hou Yi y Chang Er. Seguro que a partir de ahora el 15º día del 8º mes lunar, todos miraremos la luna de otra manera :)

La diosa de la luna

Cerca del año 2170 A.C, en los dominios de la dinastía Hsia hubo una gran inundación que amenazaba con arruinar a muchísimos granjeros y ganaderos. Desde los cielos el Emperador Jade quiso ayudarles para que pudiesen recuperar sus animales y campos. Para ello, ordenó a sus diez hijos que se convirtiesen en soles y viajasen por el cielo, en solitario, de manera que siempre hubiese un sol en el cielo. Sin embargo, sus hijos desobedecieron las órdenes del emperador y viajaron juntos. El calor que desprendían los diez soles al mismo tiempo hizo que la temperatura de la tierra se volviese insoportable. Humanos y animales morían de calor, los ríos se secaban, la tierra no se podía cultivar y los bosques se incendiaban.

Los granjeros rezaban, hacían sacrificios y quemaban incienso para que el cielo les ayudase. El emperador de Jade escuchaba sus oraciones y veía la destrucción que sus hijos estaban causando. Para intentar arreglar la catástrofe, mandó a la tierra a Hou Yi, su dios más valiente, y a su bella esposa, Chang Er. Se les conocía como la pareja divina, porque estaban profundamente enamorados. Aunque a Chang Er no le gustaba la idea de tener que bajar a la tierra, lo hizo únicamente porque no quería separarse de su marido. Así que juntos, fueron a la tierra y se convirtieron en mortales.

Hou Yi era un gran arquero, y llevó consigo su arco mágico. Así todos supieron que provenía del cielo y le nombraron jefe de los Clanes del este. Para tratar de arreglar el problema, subió a lo alto de la montaña Tienshan e intentó negociar con los soles. Les suplicó que viajasen por separado, que hiciesen turnos de forma que solamente uno de ellos estuviese en el cielo cada vez. Trató de hacerles entender que los dioses querían a los habitantes de la tierra y que con su actitud estaban provocando la destrucción de todas las cosas amadas por su padre. Pero los soles consideraron que viajar solos era aburrido, mientras que hacerlo todos juntos resultaba divertido. Así que se negaron a escuchar. Incluso, aumentaron el calor que desprendían, causando más sufrimiento. Hou Yi se enfadó mucho al saberlo, cogió su arco mágico y disparó a nueve de los diez soles. El último suplicó por su vida y prometió obedecer y realizar su tarea de separar la noche del día. Finalmente, la tierra quedó en paz y toda la gente pudo disfrutar de su trabajo y de sus vidas. Sin embargo, cuando Hou Yi le contó lo sucedido, el emperador Jade se puso furioso porque había matado a nueve de sus hijos y no dejó que la pareja divina volviese al cielo.

Como jefe de los clanes, Hou Yi tenía mucho que hacer en la tierra. Enseñó a la gente formas de defender sus tierras. Estaba tan ocupado que dejó de prestar atención a su adorable pero solitaria esposa. Chang Er estaba especialmente disgustada por tener que ser mortal y residir en la tierra, con todo lo que ello conlleva: sufrir, envejecer y, finalmente, morir. La pareja se volvió infeliz y se distanció.

Para evitar discutir con su mujer, Hou Yi pasaba su tiempo viajando solo por las tierras. Conoció a muchos de sus habitantes y llevó a cabo grandes hazañas. Mató un gigante, una serpiente enorme y también a un monstruo de nueve cabezas que había provocado mucho daño en sus miles de años de vida. Rezó muchas veces para que el emperador les dejase, a él y a su esposa, volver al cielo. Pero el emperador se negó a responder a sus plegarias.

En sus viajes, Hou Yi conoció a una mortal muy bella llamada Mi Fei. Era la esposa de Feng Yee, el dios del agua, que tenía reputación de mujeriego. Ambos solitarios, se volvieron primero amigos y más tarde amantes. Cuando Feng Yee volvió y descubrió que su esposa le era infiel, se puso furioso y se transformó en dragón. Rugiendo y sumergiéndose en el agua destrozó campos y mató a muchas personas. Hou Yi, pensando que el dragón era un demonio del mar, cogió su arco mágico y disparó. Feng Yee recibió la flecha en uno de sus ojos y se quejó al emperador Jade. Él, considerando que Hou Yi ya estaba bajo un terrible castigo y que, a pesar de ello, había hecho muchas cosas buenas por los mortales, simplemente le ordenó que volviese a su casa con su esposa Chang Er y no volviese a ver a Mi Fei nunca más.

Hou Yi no tenía opción, así que volvió a casa. Chang Er estaba muy enfadada y él trató de tranquilizarla diciéndole que si lloraba más, las lágrimas le harían envejecer más rápidamente. Ella miró su reflejo en el agua y descubrió que había arrugas al rededor de sus ojos. Desolada, exigió a su marido que le devolviese la inmortalidad. Él se entristeció mucho al saberse culpable del sufrimiento de Chang Er. No se sentía digno de estar su propia casa con ella, pero no podía irse tampoco por las órdenes del emperador. Se volvió violento y empezó a beber. Siempre estaba borracho y trataba a las personas que le rodeaban con crueldad. Así consiguió muchos enemigos como Feng Meng y Han Cho, que, hartos de su actitud, empezaron a conspirar en su contra. Primero le dijeron a Hou Yi que en lo alto de la montaña Kunlun había una píldora de la inmortalidad. Nada más saberlo, decidió que, para conseguir la paz en su hogar, debía subir allí y rogarle a la diosa real que se la entregase.

La diosa sintió pena por él y le dio solamente una píldora. Le indicó que quien se tomase esa pastilla ascendería a los cielos pero que si la partía por la mitad, las dos personas que la ingirieran vivirían para siempre. La pastilla debía ser tomada la decimoquinta noche del octavo mes, cuando la luna estuviese en su momento más lleno y brillante. Hou Yi, muy feliz, dio las gracias a la diosa y volvió a casa con Chang Er. Decidió que partiría la pastilla por la mitad y la compartiría con su mujer.

Tres días antes del día exacto para tomarla, los conspiradores se encargaron de que Hou Yi descubriese la existencia de una solución llamada ‘el elixir de Jade’, que se encontraba en la montaña Tienshan, y que hacía que las mujeres no envejeciesen y fuesen bellas eternamente. Creyendo que si lo conseguía, Chang Er sería muy feliz y volverían a amarse como antes, inició el viaje de inmediato. Cuando llegó el decimoquinto día del octavo mes, Chang Er no encontraba a Hou Yi por ninguna parte. Cada vez más impaciente, preguntó a Feng Meng dónde estaba su marido y él le respondió que había ido a ver a Mi Fei. Ella le creyó y se puso furiosa. Creyendo que Hou Yi la había abandonado, cuando llegó el momento preciso se tomó la pastilla y ascendió al cielo. Mientras su cuerpo subía, vio a su marido llegar con el elixir, pero ya era demasiado tarde.

En los cielos, los dioses y diosas despreciaron a Chang Er por haber abandonado a su esposo. Ella tuvo que cambiar de dirección y dirigirse hacia el solitario y frío palacio de la luna. Hou Yi lo vio desde la tierra y, cogió su arco mágico para disparar a la luna y hacerla desaparecer. Sin embargo, no pudo matar a su esposa así que destruyó su arco y empezó a beber.

El enemigo de Hou Yi, Feng Meng, esperó a que estuviese completamente borracho, le atacó y le mató. Cuando Chang Er llegó al gélido palacio de la luna y vio cómo su marido era cruelmente asesinado, lamentó terriblemente lo que había hecho. Había sido excluida del cielo para siempre, obligada a pasar la eternidad sola en la luna, convertida en diosa lunar.

Por ello, todos los años, el decimoquinto día del octavo mes lunar, cuando la luna está es su momento más lleno y brillante, todos debemos mirar a la luna y tratar de discernir la imagen de la bella doncella que allí reside.

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